Viernes Santo – Semana Santa 2015

 

Durante el Viernes Santo no se celebra la Santa Misa, este día recordamos que Jesús muere crucificado para librarnos de nuestros pecados y seamos llevados a la Gloria por su Resurrección.

Participemos en el Vía Crucis del día de hoy para acompañar a Jesús en su prisión, pasión y crucifixión. Primero haz una oración personal y ponte a la disposición de nuestro Señor Jesucristo, dile que lo acompañarás por el camino del dolor con el arrepentimiento de tus pecados y agradécele su ofrenda de amor por la salvación de nuestras almas.

Jesús es un inocente que fue condenado a muerte, a una muerte que estaba destinada para los más grandes criminales, ese mismo día fue abandonado por los suyos, humillado ante el juicio de Pilato, el interrogatorio de Herodes y la elección de la gente por Barrabás. Jesús está solo.

¿Cuántas veces hemos dejado solo a Jesús? Lo abandonamos en su calvario cada vez que nos sentimos con el derecho de juzgar al otro sin buscar la verdad y la justicia, cuando por nuestra soberbia no buscamos a Dios para pedir perdón. También lo negamos cuando lo excluimos de nuestra vida, cuando ponemos nuestro ‘Yo’ superior, antes que el bien de los demás.

Jesús carga su Cruz, carga los pecados y problemas del mundo, con el dolor del hombre que sufre las miserias de la indiferencia y la injusticia, con el temor profundo de quiénes sufren persecución y muerte a causa de su fe, de su sexo, de su raza, edad y cualquier otra característica que lo haga distinto al resto de los demás. Jesús carga con el sufrimiento de la humanidad, con el individualismo que asesina a los niños dentro del vientre materno, con el egoísmo que cosifica a los hijos como productos, con la avaricia que mercantiliza la dignidad de los jóvenes con el placer de las drogas, la lujuria y la autosuficiencia, carga con los traumas de las víctimas de la trata de personas y con la angustia de los migrantes y hambrientos.

Jesús cae por primera, segunda y tercera vez, siente dolor como los hombres de carne y hueso. El hijo de Dios se encuentra entre nosotros, lo encontramos en el rostro del desahuciado, en la enfermedad que oprime nuestros cuerpos, en la debilidad de aquellos que sufren limitaciones físicas y dependen de los demás para seguir adelante. Jesús nos acompaña en nuestra realidad como hombres.

Ayudemos a Jesús a levantar la Cruz como el Cirineo, porque el Señor nos llama a seguirlo para ir a su encuentro. Su sacrificio es muestra de su amor perfectísimo. No lo abandones, acéptalo como el salvador de tu alma. Ruega por su dolorosa pasión y ruega por la misericordia de Dios hacia el mundo entero.

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